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Bolo Insatisfecho

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  Cuando velatorios y crematorios no existían, la velada se hacía en la casa del difunto: puertas abiertas, sillas alrededor de la sala, mesas y más sillas en el patio y cierre de calles sin pedir permiso a nadie. Mientras llegaba el cajón de madera, el cadáver reposaba en su cama. Si no le podían cerrar los ojos le colocaban lentes oscuros (de los baratitos), total, al muerto no le  molestaría más la luz del sol. Solidarios, los vecinos y familiares contribuían llevando: pan, tamales, bocadillos, botellas con licor, cigarros, ollas con café; bueno, hasta postre. Todo se repartía entre los asistentes. Murió don Lico Bolillo, popular bajista, integrante de la marimba “El Son Sabrosón”. “El Ñeñé”, ingenioso y reconocido bolo, aterrizó tambaleante en el velorio, solitario, se acurrucó bajo un almendro en el patio. Algunos bolos (como él), son extraordinariamente sensibles y solidarios ante el dolor ajeno y más si el occiso es un colega de adicción etílica, y don Lico lo era. Po...