El señor de los nudos
“La vida es un mecate con muchos nudos —decía don Enrique, mi padre—. Esos nudos, te ayudan a subir cuando joven y no te permiten caer cuando viejo”. A pocas personas conozco que anuden corazones como él. También amarraba cosas de cualquier tipo y tamaño, quedaban exactas, ni tan flojas ni tan fijas. Recuerdo la vez que lo visité, y conmigo llevaba mi viejo termo para café, que por el uso perdió el asa. —Mientras lo mandas a reparar con un profesional, le voy a poner “una agarradera” con este hilo verde —en unos minutos, tejió un asa que estuvo ahí veinte años. Don Enrique no tenía enemigos. El destino lo puso en un lugar donde pudo ayudar a muchas personas. En mi casa el teléfono sonaba muy temprano, unos llamaban para solicitar trabajo, otros para agradecer. Yo, cuando joven, le hice ver su suerte, pero siempre me tuvo mucho amor y sobre todo paciencia. Recuerdo mis primeras salidas nocturnas de adolescent...