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Mostrando las entradas etiquetadas como Tapachulas

El señor de los nudos

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    “La vida es un mecate con muchos nudos —decía don Enrique, mi padre—. Esos nudos, te ayudan a subir cuando joven y no te permiten caer cuando viejo”. A pocas personas conozco que anuden corazones como él. También amarraba cosas de cualquier tipo y tamaño, quedaban exactas, ni tan flojas ni tan fijas. Recuerdo la vez que lo visité, y conmigo llevaba mi viejo termo para café, que por el uso perdió el asa.          —Mientras lo mandas a reparar con un profesional, le voy a poner “una agarradera” con este hilo verde —en unos minutos, tejió un asa que estuvo ahí veinte años. Don Enrique no tenía enemigos. El destino lo puso en un lugar donde pudo ayudar a muchas personas. En mi casa el teléfono sonaba muy temprano, unos llamaban para solicitar trabajo, otros para agradecer. Yo, cuando joven, le hice ver su suerte, pero siempre me tuvo mucho amor y sobre todo   paciencia. Recuerdo mis primeras salidas nocturnas de adolescent...

Mi amigo y el tren

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  Mi amigo y el tren   El calor matutino en Tapachula   en 1940, se percibía en todo su esplendor, las palmeras se mecían con el aire que refrescaba un poco el ambiente, la avenida central con su trazo en línea recta con las casas de madera y sus techos de teja color naranja que con la lluvia se tornaban obscuras, de frente se alcanza a ver el volcán espléndido y majestuoso de tarde se torna azul y de día el verde se observa a lo lejos, al fondo de aquella hermosa y bien trazada avenida el tren que a lo lejos anuncia su partida su sonido se hace mas fuerte a medida que te acercas a la estación. Los pasajeros ya están dispuestos a abordar, las mujeres de la localidad ya con los canastos vacíos de frutas y gallinas sacan sus pañuelos y secan su rostro sudoroso, sus faldas largas y floreadas su piel tostada por el sol, los pasajeros de primera se acomodan en los pocos asientos que tiene la estación. Y en este caluroso poblado, un joven de grandes sueños que vivía cerca...

Mi Cocola

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Mi primer perro llegó en brazos de mi padrino bautismal: un hombre enjuto, nervioso, que al reír, mostraba un solitario par de incisivos centrales: —Ahijado —dijo—, esta chuchita es muy fina, es un regalo de tu madrina. Es raza Chau-chau. Su mamá vino en avión de Alaska, estos chuchos jalan trineos. Su lengua es negra porque en Alaska todo es blanco, si su lengua no fuera negra, se la mordería: ¡Son muy bravos…! ¿O no, compadrito? Mi padre puso cara de experto en chuchos polares. Movió la cabeza afirmando: —¡Sííí, así es, compadre, así meríto es! Mi padrino, buen hombre, pero las razas de perros no era su fuerte. El origen de los Chow-Chow (no Chau-chau) es China, no Alaska. Por supuesto no jalan trineos. Son muy mordelones. Su lengua negra es una característica racial. ¿Cómo llamarle? Después de mucho cavilar opté por “Cocola”. A mis padres ese nombre no les gustó.  —¿Cocola? —exclamó doña Jelen— ¡No, no y no! ¡Eso es un disparate!  —Cocola no es un disparate, todos los hombr...

Los excursionistas

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  Esa fue la tarde más lluviosa de agosto. La carretera de Volcán estaba cubierta de la densa niebla. Había poco tránsito. A las seis de la tarde,   el grupo completo debería estar en la Cascada perdida,   punto de encuentro para regresar. La noche anterior, todos, cercanos al cráter, acamparon mojados pero felices, reconstruyendo las vivencias desde el caballete de la región centroamericana, donde se divisan los colosos del ponto, el Atlántico y Pacífico; y los recuerdos de la memoria colectiva   reviven los desaparecidos en el pico del león que ronca; no obstante, al día siguiente, al retornar a la piquera, eran solamente doce.   Los excursionistas lo esperaron casi dos horas, hasta que decidieron tomar el último autobús. Sus semblantes reflejaban preocupación. Sentados en los puestos finales, comentaban mirando por las ventanas, cada paraje de misterio y fragancia que iban dejando atrás. Siete horas demoraba   caminar por la inhóspita cordillera de T...

La Vida en matemáticas

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  La vida es un entero que dividida en cuartos da como resultado cien fabulosos años Cinco cabales lustros da esa operación que bien acomodados corresponden a cada estación. La tierna Primavera de uno a veinticinco cuando el andar de uno se da hasta con brincos.  En esa tierna edad, niñez predominante, el hombre se prepara para salir avante. Con cuántas aventuras, juegos y travesuras se forja la experiencia de aquella adolescencia que prepara la entrada de la gran juventud. Tiempo para adquirir la fuerza necesaria y poder producir para la vida diaria. Se prepara la mente con los buenos estudios. Con buena diversión sin ir a los tugurios. De uno a veinticinco transcurre la estación en la que nuestra vida es pura diversión. Luego viene el Verano que va hasta los cincuenta tiempo de producir el campo de la vida. Arar, sembrar, regar para que la cosecha ayude a prosperar. Tiempo de producir también a los retoños para que en el otoño tu puedas persistir. Es esta edad madura la que ...

El burro de la oreja mocha

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“El Bimbollo” no volverá a burlarse de las cosas que no entiende. Jamás olvidará la noche que con su amigo el “Ganso Marinela” celebraron la fiesta de fin de año de la empresa “Bimbo” (de ahí sus apodos). Trabajaban como choferes de reparto. El Bimbollo era muy blanco y gordo, mientras el Ganso presumía su color achocolatado por descender de africanos. Esa madrugada ellos siguieron celebrando y bebiendo en un parque cercano, cuando pasó un chucho flaco, el Ganso preguntó: —Bimbollo ¿Sabes qué son los nahuales? —Sí. En mi pueblo es un trapo enrollado que se ponen en la cabeza las mujeres para cargar cosas pesadas. —No seas güey, esos son “yaguales”. Los nahuales son gente que se transforman en animales: ese chucho flaco es un nahual. —¿Sííí? ¿Un nahual flaco? El Ganso sonrió. En los pueblos es creencia popular que existen personas malas, aliadas con el diablo, que toman forma de animales y hacen daño a los demás, a los indefensos. Esos animales son su alter ego o su animal tutelar. —¿C...

Las piernas de Lupita Celeste

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Lupita Celeste presumía un par de hermosas piernas que nacían en el tobillo y terminaban en las pompis; dos lindas  columnas invertidas del templo de Osirión en Egipto: derechitas, delgadas en el tobillo y que engrosaban conforme ascendían. Cuando vi a Lupita Celeste, toda ella me gustó: pelinegro, carilinda, cuello‘ecisne, pecho‘epaloma y patijuntas. ¡Sus piernas eran lo máximo! Lucía muy entallados jeans y al ver la imagen completa, solo atiné a pensar: “Tengo que acariciar esas piernas, costare lo que costare”. La enamoré al estilo de antes: flores, chocolates, paseos al parque, serenatas y cuando nos hicimos novios les dije a sus piernas: “¡Hey! A las dos les digo: ¡Ya llegué ya! Pero el destino es cruel y veleidoso: — Nos invitaron a un bautizo en un rancho aquí nomasito —me dijo Lupita Celeste— y voy a ir con mi familia. ¿Nos acompañas? No, jamás. La presencia de su papá, don Helio (tocayo del gas que en el sol abunda), me infundía temor; temor es poco, ¡pavor! Don Gas era ...

Dos relatos breves de Sonia Ehlers

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                                          Tere Conversábamos al pie del observatorio en el desierto de Atacama y Jacinto preguntó: —¿Extrañas a Tere? —No, le dije. Después de meditarlo, he llegado a la conclusión que solo existimos en la memoria colectiva. Somos como las estrellas que se apagaron hace mucho tiempo y de ellas, solo queda la luz. Lo que llamamos vida está en la mente. ¿Recuerdas el siglo 21? ¿La sequía, la hambruna, la contaminación que nos exterminó? Cuando toquemos el punto clave de otro planeta, la memoria de ellos se activará extinguiendo totalmente la nuestra: entonces extrañaré a Tere. La paloma Moribundo voló por los aires. Era lunes. Aquella mañana subió al auto rumbo al trabajo; en el camino lo embistió el camión que se veía en el fondo de la zanja. De su auto no quedó ni rastro. Sólo lo vieron salir disparado a través del parabrisas;  durante el vuelo go...

A vender tamales

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Muchos puentes de la carretera costera de Chiapas colapsaron cuando el huracán Mitch nos alcanzó en octubre de 1998. La región del Soconusco quedó aislada. Los víveres escasearon. La maquinaria oficial comenzó a rodar. Hubieron acuerdos con autoridades de la república de Guatemala para que por su territorio nos llegara el abasto alimentario. Todo estuvo bien planeado hasta que apareció un atarantado inspector de Sanidad Agropecuaria ubicado en La Mesilla, Ciudad Cuauhtémoc, Chiapas, que detuvo el paso de la caravana con los productos necesarios para nuestra gente. Un sólo hombre paró el coordinado esfuerzo de todos. Cabe mencionar que la telefonía celular todavía estaba en pañales y la convencional presentaba muchas dificultades. Superando obstáculos, me llamaron de mi oficina central: —¿Usted coordina al personal de Sanidad Agropecuaria en La Mesilla? Mi respuesta afirmativa desencadenó una tajante orden: “En la Mesilla hay una caravana de ayuda detenida por su personal, trasládese a ...

Infarto al miocardio

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Nunca pensé que mi padre pudiera morir algún día. Un sábado del año 86 saboreaba mi café mañanero en casa cuando, Yayo Gutiérrez, mi compadre, inesperadamente apareció gritando con su voz de saxofón barítono desafinado: “¡Compadre, a su papá le dio un infarto al miocardio! Pero no se asuste, él está bien —y me explicó—: su familia no lo puede localizar, por eso me hablaron a mí. Su hermana dice que su papá está bien”. Sé que cuando te van a soltar la noticia de la muerte de un familiar, te la dosifican: primero lo enferman gravemente y en seguida llega la noticia fatal; pensé: “De seguro mi padre está muerto y yo no me titulé, se fue con la convicción de que me ahogué en la playa”. Mi mente retrocedió al año 1975. Por un montón de razones (todas mi culpa) no había presentado mi examen profesional para obtener el título de Médico Veterinario Zootecnista: comencé a trabajar con carta de pasante. Ganaba bien. Luego me casé y fui postergando ese trámite. Ahora regresaba a trabajar a mi tie...

Navidad en la montaña

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  Como todos los días de nuestra vida de niño en la casa, el 24 de diciembre de aquel remoto año que la memoria no pudo registrar, nos fuimos a dormir temprano.  El frío clima en las alturas de la sierra no permite hacer otra cosa. Aunque teníamos en nuestra tierna cabecita la idea remota de la Navidad, no era costumbre celebrarla del modo que más tarde conocí.    Así pues, luego de la acostumbrada y cotidiana cena de esa noche, disfrutada alrededor de la hoguera de nuestra humilde cocina, apagamos los candiles y nos fuimos a la cama a dormir.    En la rústica sala, un espacio al que se llegaba luego de atravesar a obscuras el corredor de la casa, habíamos puesto, en una esquina, un humilde árbol de Navidad adornado con algunos globos de colores que alguien llevó de no sé dónde.    Esa noche, recuerdo, estábamos en casa los tres hermanos más pequeños de la numerosa prole prohijada por mis padres, acompañados de mamá.  Mi padre...

Apúrate

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  ¡Apúrate!  ¡Ya es hora, vámonos, de prisa porque ya va a comenzar! Mimi ya debe estar ahí y hay que ayudarla a prepararlo todo: el agua para el café, las sillas y el aparato de sonido.  _ ¿Qué ya tienen aparato de sonido, pué?  _ Si, que no te acordás que Quique llevó uno para un evento y ahí se quedó para siempre. Ahora es el que utilizamos pa que nos oigamos mejor, digo, porque la gente que pasa por ahí nomás nos mira y sigue su camino. Pero ya se quedarán un día, vas a ver.  _ Pero apúrate porque hay que llegar temprano pa poder anotar nuestros nombres en la lista y pasar luego, luego, si no ahí tenemos que esperar a los demás y ser los últimos. Aunque tiene su chiste ser de los últimos, así escuchamos las cosas serias y una que otra pendejada que de repente se nos ocurre decir.  _ Oí, pero ya vi que su cable de su micrófono está muy cortito, apenas da pa que lo estén jalando y alcance en la boca del que está hablando.  _ Si pué, había uno más lar...

El Terrícola

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En conmemoración del día del discapacitado Un cuento dedicado especialmente a todos los niños que padecen de alguna enfermedad incurable, o de la falta de algún miembro, o la pérdida de algún sentido, o de cualquier otra incapacidad o deficiencia física. El pequeño Daniel padecía de parálisis infantil, los médicos no habían logrado aliviarlo de tan terrible mal; a pesar de su edad de apenas trece años, tenía calidad humana y mucho carácter; ya había aceptado que su cuerpo quedaría confinado en una silla de ruedas; aun así lo inspiraba un afán de superación, estudiar y ser útil a los demás  Tanto sus padres como sus dos hermanas mayores que él, lo amaban mucho, y quizás ese cariño le fue transmitido a Daniel, pues este chiquillo era muy bondadoso. A pesar de su mala condición física, estaba dispuesto a brindarle ayuda a cualquiera, a nadie negaba nada, todo lo compartía. No obstante, ser una familia de medianos recursos, sus progenitores no escatimaban esfuerzos para el bienestar y ...