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Ánima del Mar

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  No escarmentaba la torpe doncella, mojada y revuelta de arenas, se quedaba en la orilla como una cometa. Pero luego, insistía, jugando graciosa, al mar se volvía, a sacar la arena de su pelo negro y sus orejas pequeñas, Y de nuevo las olas hacían de ella una tromba risueña, gracilarias y luches revolcados de espuma, se quedaban con ella.   Al mar no temía, aunque ella era niña de sierras, que del mar no entendía gran cosa, mantenía entre sueños de almíbar y acuarelas celestes o rosas, sus castillos de arena encantada, jugando entre caracolas del monte a ser una dulce sirena, de voz entonada y ligera.   Una tarde siniestra, se cuenta,   retozaba en la arena soñando, cuando vino una ola gigante que no supo de juegos ni anhelos, la envolvió para siempre en su ira, la llevó mar arriba, hasta el cielo, la dejó constelada en silencio.   Por las tardes de verano en Caldera, a las playas desciende la niña, la veréis correteando muy pálida, entre espumas ro...

La boda de la Rosalba

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¡La Rosalba se casa! La noticia se esparció por el pueblo como reguero de pólvora. Lo había comunicado a su círculo más íntimo su madre, doña Sofía.   El padre de la Rosalba era Don Alfonso, el Alcalde y diácono, por añadidura, lo que lo hacía un gran conocedor de la naturaleza y más aún, de las debilidades humanas. Cuidaba mucho su reputación y la de su familia. Especialmente la de su única hija.   El pueblo lo sabía. Y sabía también que la relación de ambos jóvenes no llevaba más de dos meses.   Por eso. Y porque en el pueblo se seguía con la tradición de respetar las formalidades inherentes a una boda, lo que llevaba bastante tiempo,  la noticia causó tanto impacto.     ¿Estará embarazada? La hija de Doña Eufrosina que trabaja en el consultorio asegura que no.   Y como no se encontraba otra razón para casarse tan abruptamente, la duda,  como un enorme manto, cubrió a la comarca.   No se hablaba de otra cosa y las hi...