La triste brevedad de un sueño.
Para Belén El vuelo de medio día de una de las aeronaves que van de la ciudad de Tapachula a la ciudad de México de ese quince de enero del dos mil veintiuno, no era cualquier vuelo. El avión en turno de ese día iba cargado de sueños de cinco de sus felices pasajeros. Si la emoción hechas felicidad y alegría tuvieran un color, el avión se habría teñido con ellos y, emulando una hermosa mariposa multicolorida, habría tomado vuelo esa tarde calurosa para surcar el cielo. En contraste con esa alegría, la madre - abuela que los había llevado al aeropuerto, volvió a casa con el corazón vacío. Y, contrario a lo que siempre hace, a su regreso al hogar vacío, lloró como nunca sus ojos había vertido tantas lágrimas. Sintió como su alma, así, de pronto, se había partido en mil pedazos. Molesta consigo misma, de tanto llorar, pidió perdón a Dios y encomendó en su nombre a sus seres queridos. Belén, joven mujer de treinta años y única mujer de tres hermanos, había p...