Valparaíso, 3302 Sur, crónicas porteñas
E n el puerto Un seco frenazo puso término al viaje en tren. Eran pasadas las dos de la tarde y el sol de diciembre, más suave que en Santiago, se colaba por entre los abiertos ventanales del techo de la estación del puerto; lo acompañaba una brisa olorosa a algo y que, al decir de unos pasajeros que se aprontaban a bajar, levantaría polvareda en los cerros al atardecer. “Es el viento de Valparaíso” dijo uno, con propiedad, antes de abandonar el atestado carro. Una mujer cincuentona, con cinco chiquillos, de uno a siete años, esperaban sentados mientras la masa de viajantes descendía. -Toño, toma de la mano a Enrique y tú Víctor a Jacinto. Bajaron al final de todos; hermanados los niños mayores, cada uno con un pequeño bolso y la mujer con el más pequeño y una maleta. Salieron al espacio abierto anejo al muelle y vieron por primera vez el mar. -¿Señor, me podría decir dónde queda la calle Tomás Ramos? -Mire hacia el cerro señora, justo ...