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Mostrando las entradas etiquetadas como Amistad

A propósito de los que parten...

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  No se puede pretender escribir cada nota con un sentido fundacional, como si fuese la última que escribes, es suficiente tender las ideas en forma desordenada sobre un mantel, para que se justifique el acto comunicacional. No se puede vivir en medio de densidades, es necesario sonreír y para ello hace falta volver los ojos a las situaciones cotidianas, a las disfuncionalidades que se dan en las familias, a los agradables chismes de pueblo chico, donde todos nos conocemos desde niños, donde las yayas se van transmitiendo en forma atemporal, quedando tatuadas como un apodo en tu historial. Es agradable, por tanto, desplegar las ideas para sentarse junto al río de la vida y observar, sin prisas, como fluyen amores y desamores, pasiones y olvidos, amistades falsas y amistades verdaderas, amores platónicos y amores de carne y hueso, fuegos idílicos y fuegos que laceran el alma. Escarbar de paso los vericuetos del ser para prepararnos para nuestro propio último viaje, viaje real o qu...

La partida de Carmelo, el “Meco”

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Por Facebook me enteré de tu muerte, querido Carmelo López, y me sentí desolado. Hace tres o cuatro años en una de las últimas fiestas de La Rial, en Villaflores, me saludaste. Tenía más de sesenta años de no verte y al acercarte y preguntar si me acordaba de ti, mentí por cortesía y contesté afirmativamente; pero la verdad es que no supe quién eras.  Hasta que J J Solórzano me preguntó: —¿Ya saludaste a Carmelo? Él me preguntó por ti. Me llevó contigo y corregí mi error. Te abracé y te pedí mil disculpas. La verdad no habías cambiado mucho, pero es que no te vi en el proceso de arrugamiento. Cuando nos conocimos yo tenía nueve años y vos diez más. Alto, meco, colocho y siempre risueño. A pesar de la diferencia de edades fuímos amigos. Eras el “second” o mano derecha del padre Roberto Trejo en las tareas de la iglesia, yo su monaguillo (monigote decía mi abuela) y su estorbo en las misas. Como si fuera hoy te veo subir al campanario de la vieja iglesia, y si eran repiques a horas i...