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Mostrando las entradas etiquetadas como Floricel Santizo

Una historia personal

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  D esde la Loma.   De pie, en lo alto de la montaña, el niño vislumbra su futuro. Imagina lugares desconocidos y distantes más allá del horizonte que alcanza con su vista. Piensa en otros niños y en gente adulta que, como él, también han de soñar cosas para su futuro. El lugar que le sirve de dintel para ver e imaginar el panorama; más allá de lo que sus ojos alcanzan, es un lugar conocido. Familiar y muy querido. Rodeado de viejos árboles de ciprés sembrados por manos bendecidas, antaño, una pequeña explanada situada en la cima de la montaña desde donde se divisan, allá abajo, otras montañas que anuncian profundas cañadas entre una y otra. Más allá, entre la bruma de las nubes que comienzan a formarse, se alcanza a ver un horizonte distante que se pierde a la mirada. La “Loma” le dicen todos a ese punto en la montaña. En la “Loma” es común ver a la gente del lugar y a fuereños que lo visitan, pararse allí para llevar su vista y seguro también sus pensamientos a lugar...

La triste brevedad de un sueño.

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    Para Belén   El vuelo de medio día de una de las aeronaves que van de la ciudad de Tapachula a la ciudad de México de ese quince de enero del dos mil veintiuno, no era cualquier vuelo. El avión en turno de ese día iba cargado de sueños de cinco de sus felices pasajeros. Si la emoción hechas felicidad y alegría tuvieran un color, el avión se habría teñido con ellos y, emulando una hermosa mariposa multicolorida, habría tomado vuelo esa tarde calurosa para surcar el cielo. En contraste con esa alegría, la madre - abuela que los había llevado al aeropuerto, volvió a casa con el corazón vacío. Y, contrario a lo que siempre hace, a su regreso al hogar vacío, lloró como nunca sus ojos había vertido tantas lágrimas. Sintió como su alma, así, de pronto, se había partido en mil pedazos. Molesta consigo misma, de tanto llorar, pidió perdón a Dios y encomendó en su nombre a sus seres queridos. Belén, joven mujer de treinta años y única mujer de tres hermanos, había p...

La Vida en matemáticas

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  La vida es un entero que dividida en cuartos da como resultado cien fabulosos años Cinco cabales lustros da esa operación que bien acomodados corresponden a cada estación. La tierna Primavera de uno a veinticinco cuando el andar de uno se da hasta con brincos.  En esa tierna edad, niñez predominante, el hombre se prepara para salir avante. Con cuántas aventuras, juegos y travesuras se forja la experiencia de aquella adolescencia que prepara la entrada de la gran juventud. Tiempo para adquirir la fuerza necesaria y poder producir para la vida diaria. Se prepara la mente con los buenos estudios. Con buena diversión sin ir a los tugurios. De uno a veinticinco transcurre la estación en la que nuestra vida es pura diversión. Luego viene el Verano que va hasta los cincuenta tiempo de producir el campo de la vida. Arar, sembrar, regar para que la cosecha ayude a prosperar. Tiempo de producir también a los retoños para que en el otoño tu puedas persistir. Es esta edad madura la que ...