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Mostrando las entradas etiquetadas como Fraternidad Literaria

Doble Chamba

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  “No es posible que la palabra adiós regrese a despedirse” Raúl Renán   Recuerdo que cuando estuve enfermo por exceso de trabajo, conocí a mi vecina, la señora doña Gramática, quien vino a visitarme. Me contó que uno de sus hijos se había ido de la casa: el pequeño Participio.     Cuando me levanté de la cama me di cuenta de que la familia de doña Gramática se había puesto muy triste. Los hermanos mayores, Sustantivo y Verbo salieron a buscar a su hermanito.                Los siete hermanos restantes decidieron que era urgente un consejo de familia. Artículo determinó un plan: Adjetivo lo calificó de ridículo, Conjunción relacionó los hechos y la hermana Interjección exclamó: ¡Ay!, sin Participio, Adverbio se volverá callado, casi como Preposición, que nunca dice nada, Pronombre se ofreció a ocupar el lugar de Sustantivo mientras éste regresaba, para ser el sostén de su mamá, la afligi...

Infarto al miocardio

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Nunca pensé que mi padre pudiera morir algún día. Un sábado del año 86 saboreaba mi café mañanero en casa cuando, Yayo Gutiérrez, mi compadre, inesperadamente apareció gritando con su voz de saxofón barítono desafinado: “¡Compadre, a su papá le dio un infarto al miocardio! Pero no se asuste, él está bien —y me explicó—: su familia no lo puede localizar, por eso me hablaron a mí. Su hermana dice que su papá está bien”. Sé que cuando te van a soltar la noticia de la muerte de un familiar, te la dosifican: primero lo enferman gravemente y en seguida llega la noticia fatal; pensé: “De seguro mi padre está muerto y yo no me titulé, se fue con la convicción de que me ahogué en la playa”. Mi mente retrocedió al año 1975. Por un montón de razones (todas mi culpa) no había presentado mi examen profesional para obtener el título de Médico Veterinario Zootecnista: comencé a trabajar con carta de pasante. Ganaba bien. Luego me casé y fui postergando ese trámite. Ahora regresaba a trabajar a mi tie...

HISTORIA DE UNA FOTO PARTE I

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Misión en Cuba, Cuando Fidel Irradiaba Vitalidad y Personalidad   Descomunales   A las cuatro de la madrugada   aterrizamos   en La Habana. Y tan pronto como fue puesta la escalerilla subió al avión un hombre maduro, atlético, de movimientos ágiles y ojos vivaces. Nos saludó con gran   simpatía, y sin ningún protocolo pero sí con mucho entusiasmo y gentileza, nos dio   una alegre bienvenida a Cuba. Luego supimos que era José Ramón Fernández (4 de noviembre de 1923-6 de enero de 2019),   el Ministro de Educación y héroe de la Revolución Cubana –por su desempeño en la batalla victoriosa de Bahía de Cochinos, contra la invasión del ejército contrarrevolucionario y mercenario, procedente y apoyado por Estados Unidos.   Recibía a   la delegación mexicana que llegaba para participar en la Primera Reunión México-Cuba de Educación, Ciencia y Cultura ,   celebrada en esa isla del Caribe en 1974. Ya en el edificio del Aeropuerto José M...

Carne de gato

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  Al salir de la cárcel, respira profundo. El olor a maíz nuevo lo hace sonreír. Ernesto disfruta cada detalle mientras camina; a lo lejos, escucha unos cantos gregorianos. Mira a su alrededor, la calle está desierta. Si su vecino no hubiese confesado el horrendo crimen, otro sería el cuento. Él estaría cumpliendo una condena injusta y comiendo carne de gato. Sonia    Ehlers

BAILE A RITMO DE SALSA

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  La noche lo acompañó hasta la casa y el sabor dulzón de la bebida demudó sus sentidos. En su cabeza, un barullo de imágenes mezcladas daba vueltas en círculos. Buscó la llave entre los bolsillos del pantalón. Los perros del vecino de enfrente ladraron agitados. Él les hizo una mueca de silencio con el dedo índice y metió́ la llave en la cerradura un par de veces. La puerta no cedió́. Empujó con fuerza. Oscuro, todo estaba oscuro y tropezó́ con la mesa de la sala. La caída fue amortiguada por un sillón y logró asirse a uno de los brazos de cuero negro. Caminó tambaleándose buscando el baño y vomitó en el piso. Qué mujer, pensó́ entre arcadas, y cerró los ojos. Tres días seguidos: bares, discotecas y un poco de hierba no hacen mal a nadie. Ahora que Vanesa se ha mudado necesito salir de mi casa solitaria, del espacio insoportable, ver la calle, sentir la Luna a mis espaldas y arrancar en el BMW. Estoy vivo. La llamo, no la llamo. Si no contesta al primer timbrazo cuelgo....

La Mecedora

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La mecedora La depresión colectiva se respiraba en el vecindario. La ampliación del viejo camino arrasaba con los árboles de mango, los de nance, las guabas, los marañones. Las lindas cercas de arbustos floreados con tonos tropicales, coralillos, palmas cubanas, palmas rojas, palmas amarillas; las tuberías de la escasa agua, los cables telefónicos, los cables eléctricos; todo caía bajo la maquinaria pesada ante los ojos pasivos de los afectados. «Había que darle paso al desarrollo», informaban los periódicos locales. Por uno de esos accesos semidestruidos caminaba lentamente una sombra. Subía aquel camino empinado con determinación. Unos pasos más atrás, se veía un avispado acompañante; era de mediana estatura, tenía una joroba en la espalda, era calvo, con profundos ojos oscuros, nariz aguileña, labios dibujando una ironía, quijada cuadrada. Vestía una capa verde olivo, con un cuello blanco de encaje de Bruselas; parecía un personaje antiguo. Se podía ver parte de su camisa rojo...

Apúrate

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  ¡Apúrate!  ¡Ya es hora, vámonos, de prisa porque ya va a comenzar! Mimi ya debe estar ahí y hay que ayudarla a prepararlo todo: el agua para el café, las sillas y el aparato de sonido.  _ ¿Qué ya tienen aparato de sonido, pué?  _ Si, que no te acordás que Quique llevó uno para un evento y ahí se quedó para siempre. Ahora es el que utilizamos pa que nos oigamos mejor, digo, porque la gente que pasa por ahí nomás nos mira y sigue su camino. Pero ya se quedarán un día, vas a ver.  _ Pero apúrate porque hay que llegar temprano pa poder anotar nuestros nombres en la lista y pasar luego, luego, si no ahí tenemos que esperar a los demás y ser los últimos. Aunque tiene su chiste ser de los últimos, así escuchamos las cosas serias y una que otra pendejada que de repente se nos ocurre decir.  _ Oí, pero ya vi que su cable de su micrófono está muy cortito, apenas da pa que lo estén jalando y alcance en la boca del que está hablando.  _ Si pué, había uno más lar...