Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Caballero de la Rosa

Los roperos y sus historias

Imagen
  De madera caoba con un amplio espejo de tres lunas, el ropero llenaba un amplio espacio del dormitorio de la familia. En la toilette con su mesada de mármol blanco reposaba impecable el gran lavatorio y la jarra de agua.   Un cuadro del Corazón de Jesús, destacaba en la cabecera de la cama alta, con faldones de un gran cubrecama de paño guinda, que daba realce a las sábanas bordadas y al bronce del catre, pulcramente abrillantado. Sobre los veladores, con pantallas de cristal opaco, estaban las infaltables fotos familiares y alguna imagen religiosa. La cama era alta, el colchón de lana de oveja que cada tanto se abría, se lavaba y escarmenaba de nuevo para dejarlo mullido, evitando que se fuese deformando por el peso de los cuerpos. El somier de malla de alambre era incapaz de ser discreto y en el fragor de las madrugadas retumbaba su rítmico sonido que no dejaba dudas de que esa noche se había consumado una vez más esa pasión que los cónyuges disimulaban en lo cotidiano...

Don Peño

Imagen
Mi comadre llegó feliz a contarnos que había conocido a un caballero muy culto e interesante, que había llegado de Australia y que le había traído un regalo de su hermana. La había llamado por teléfono y había llegado esa tarde a dejarle el encargo. Ella lo invitó a tomar un tecito y allí él le contó que era su primer viaje, desde 1974, cuando había partido Australia, como consecuencia del golpe de estado. Mi comadre nos contaba que el hombre le había caído muy bien. Durante las onces, entabló conversación, repasando su matrimonio, su viudez reciente y el hecho de haber vivido muy joven, cómo se desintegraba la familia, por efectos del exilio de muchos de sus parientes.  Cuando ella preguntó qué hacía él en ese tiempo de los 70, él le contó que era aduanero y que lo habían enviado a la universidad a perfeccionarse. ¡Qué coincidencia! Mi compadre también es aduanero... "Cuando lo nombré, compadre, se acordó altiro de usted. Por eso vine a contarles, pensé que sería lindo juntarse...

El aplicado

Imagen
Tan ordenadito que escribía, ocioso, con las mechas duras por el jugo de limón y siempre preguntando en clases, sentándose en el primer asiento, pasando los cuadernos en limpio.  Ordenadito y guailón, pegado a las polleras de su mamá, defendiéndola con rabia cuando algún feriante le tiraba sus cortes.  Ordenadito, al menos no copiaba, tenía buena memoria, pero por  los puros libros que leía, sin saber lo que era refregarse con mujeres de verdad. Quizá esa vez que llegó despeinado, con la cara sudada, fue un punto de inflexión y, de pronto, el ordenadito sacó las manos y soltó los libros para enviciarse en la novela pasional, que iba detallando la escalada sensual hacia el éxtasis. El ratón de biblioteca comenzó a seducir bibliotecarias. Aplicado, releyendo y explorando, el ordenadito se avivó y le cambió la voz, Hizo la cimarra, atracó con mujeres mayores, probó las piscolas, entró a ver, de colado, películas para mayores de 21,  pisó por primera vez un prostíbulo; l...

El padrecito

Imagen
Jaime ayudaba a su abuela a pelar duraznos, que luego iba colocando en unas mallas finas, armadas con marcos de.madera, que él cortaba y cepillaba en el taller de trabajos manuales de su escuela. En esas mallas iban extendiéndose los duraznos y cuando la malla se llenaba se tapaba la cubierta con una tela de visillos, que impedía el paso de moscas al recipiente. Hecho este trabajo, Jaime se trepaba al techo e iba colocando los rectángulos blancos al pleno sol de Norte. Chico. Unas semanas después,  el secado de la fruta permitía cosechar los huesillos, que doña Julia iba pesando en paquetes de kilo, en unas bolsas de papel café,que apilada en repisas de la cocina, lugar donde se desenvolvía la vida de la familia. Jaime tenía 12 años y había empezado su secundaria, como internado en la ciudad más cercana por lo que sus vacaciones de verano eran el tiempo de retorno a casa de su abuela, que lo había criado desde que su madre falleciera a pocos meses de él nacer. Una tarde, cuand...

Casa de citas

Imagen
Enorme nave para recorrer las mejores fantasías. Dos lunas de espejos dorados rodeaban el camastro rojo, el somier de malla metálica soportaba un gran colchón de lana, la colcha de seda y las sábanas de algodón crujiente, con bordados rococó en las fundas almidonadas. La habitación era alta, amplia, con cortinas guindas y visillos bordados en hilo, con las figuras de corceles que parecían brotar del verde de un nogal que sombreaba la ventana. Un gobelino llenaba la muralla y una toilette con espejos rebatibles, era el espacio íntimo para que el maquillaje convirtiera pálidas mejillas en fuego de deseo. Cuando entraste en ese cuarto clandestino y a media luz, se encendieron tus pupilas de una curiosidad extraña. Traías tu baby doll negro en tu cartera, la medias negras con portaligas, el soutien negro elevando como promesas tu pechos niños. Ibas preparada para esas dos horas de desfachatez y lujuria. El rouge carnesí de tus labios, auguró exploraciones sorprendentes, tus orejas lucí...

Los angurrientos

Imagen
¿Le ha pasado alguna vez? Que sea usted el que siempre invita mientras un montón de frescos se hacen los lesos y nunca asumen ellos invitarlo a usted. Esta nota es un desahogo. En el Diccionario de la RAE encontré una vieja palabra que da título a esta nota y que usaban muy bien las abuelas para señalar al tragón que quería comerse la comida de todos, terminaba su plato y seguía con el del vecino. Significado según la RAE: Ávido, codicioso, hambriento. Quizá Ud. sentirá que este cronista sangra por la herida. Es cierto, esta nota no es una abstracción, está escrita desde la experiencia práctica, de las conductas vivenciales que a lo largo del tiempo han afectado la convivencia con familiares, vecinos y amigos, en general cualquier instancia social donde aparecen estos depredadores de los afectos. Porque en una ocasión, después de viajar más de 3 horas manejando para saludar a una tía que al parecer estaba grave, ella con una impecable caradura expresó al vernos, sin acercar ni un vas...

Un traje crecedorcito

Imagen
  Su papá compró un corte de casimir Bellavista Tomé, color café oscuro, en el Bar “Donde Nunca se supo” . Seguramente, hizo un trueque, recibiendo la pieza de tela como pago por algún brasero de fierro o una plancha a carbón, que él solía fabricar para su familiares y amigos. Esa tarde de sábado Gustavo llegó feliz a casa con la pieza de tela, diciendo que era un regalo para su hijo Nancho. Isabel decidió llevar la pieza de tela donde la Señora Esterbina, modista amiga, que vivía en una casona del cerro Florida, a dos cuadras del ascensor. Ya el viaje en sí era una aventura, que le significaba tomar dos ascensores, el trolebús, de paso, ganarse algún completo, con leche con plátano, en el Návoli. Nancho tenía unos 8 años y le encantaba ir con su madre a esa casona de Doña Esterbina, que vivía en un segundo piso y abría la puerta con un cordel. La casa estaba a la entrada de una empinada calle, que partía en la Avenida Alemania y el cielo parecía ser su límite. Lo que entus...