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El aplicado

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Tan ordenadito que escribía, ocioso, con las mechas duras por el jugo de limón y siempre preguntando en clases, sentándose en el primer asiento, pasando los cuadernos en limpio.  Ordenadito y guailón, pegado a las polleras de su mamá, defendiéndola con rabia cuando algún feriante le tiraba sus cortes.  Ordenadito, al menos no copiaba, tenía buena memoria, pero por  los puros libros que leía, sin saber lo que era refregarse con mujeres de verdad. Quizá esa vez que llegó despeinado, con la cara sudada, fue un punto de inflexión y, de pronto, el ordenadito sacó las manos y soltó los libros para enviciarse en la novela pasional, que iba detallando la escalada sensual hacia el éxtasis. El ratón de biblioteca comenzó a seducir bibliotecarias. Aplicado, releyendo y explorando, el ordenadito se avivó y le cambió la voz, Hizo la cimarra, atracó con mujeres mayores, probó las piscolas, entró a ver, de colado, películas para mayores de 21,  pisó por primera vez un prostíbulo; l...

Para gustos: sabores

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  P idió auxilio en la finca vecina.   Él era un español recio, trabajador, tostado por el sol inclemente y por la diaria faena de cuidarlas. Quería ayudarlas a recuperarse. Necesitaban un lugar donde estar, caminar, comer, dormir, recuperarse de la mala vida que habían recibido hasta el momento. Él las había cuidado por años, pero ya no tenía la voluntad de continuar con ellas. Ya no quería problemas con el Ministerio de Salud: le exigían certificados, vacunas y otra serie de requisitos.      Si las veían por la carretera, las recogían y él tenía que ir a sacarlas de aquellas jaulas fétidas. Él no podía con esa carga en esta etapa de su vida. Lo había intentado, pero este tema lo fatigaba; estaba por tirar la toalla. Se retiraría, ya estaba muy viejo para continuar a este ritmo. No quería batallar con ninguna más en su vida.      La demanda de la colonia árabe había aumentado por ellas, haciéndolo un negocio lucrativo. A ellos no ...