Dicen que los sueños se hacen realidad. Por si las dudas, yo siempre ando soñando, aunque esté despierta. Ayer, en la mañana de Navidad, me puse el pantalón que le trajo el Niño Dios a mi hermano. Me había dicho que esperaría hasta el día de su cumpleaños para estrenarlo y lo guardó, sin quitarle la etiqueta, en su cajón. Esperé a que se metiera a bañar. Saqué con cuidado el pantalón, me lo puse y me miré al espejo. Se me veía precioso, como si estuviera hecho a mi gusto y medida. Me lo pondría para ir al parque y probar mis patines nuevos. En ese momento, tal como lo hizo Alicia, me metí al espejo y comencé a patinar como nunca antes lo había hecho. Tomaba impulso, me deslizaba y giraba como la mejor patinadora que hubiera existido. Las piruetas las hacía a toda velocidad y en cámara lenta, casi flotando. Una delicia. Al terminar la rutina, salí de ahí y, por un instante, pensé en quitarme el pantalón y guardarlo pero, la idea de ponerme el vestido blanco con flores bordadas q...