Los excursionistas
Esa fue la tarde más lluviosa de agosto. La carretera de Volcán estaba cubierta de la densa niebla. Había poco tránsito. A las seis de la tarde, el grupo completo debería estar en la Cascada perdida, punto de encuentro para regresar. La noche anterior, todos, cercanos al cráter, acamparon mojados pero felices, reconstruyendo las vivencias desde el caballete de la región centroamericana, donde se divisan los colosos del ponto, el Atlántico y Pacífico; y los recuerdos de la memoria colectiva reviven los desaparecidos en el pico del león que ronca; no obstante, al día siguiente, al retornar a la piquera, eran solamente doce. Los excursionistas lo esperaron casi dos horas, hasta que decidieron tomar el último autobús. Sus semblantes reflejaban preocupación. Sentados en los puestos finales, comentaban mirando por las ventanas, cada paraje de misterio y fragancia que iban dejando atrás. Siete horas demoraba caminar por la inhóspita cordillera de T...