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Mostrando las entradas etiquetadas como Costumbrismo chiapaneco.

El caldo de gallina

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  En 1982 Dora Celina me dio la mejor noticia de ese año: “Estoy embarazada”. ¡Increíble! ¿Yo, papá de alguien? La remolona cigüeña no quería aterrizar por mi casa y de pronto: ¡Albricias! ¡Azotó la res! El ultrasonido para identificar el sexo de los bebes todavía no existía. Las matronas de la familia elucubraban diversas hipótesis por la forma y el tamaño de la barriga de Dora Celina: Barriga con pico: “niño”; Barriga redonda: “niña” (y después fue al revés). El periodo de preñez pasó con los síntomas usuales de las embarazadas: cansancio, sueño, náusea, antojos y desantojos. Lo que antes le gustaba, ahora ya no. Mientras la gestación avanzaba se volvió hipersensible a los olores fuertes. Regalé una botella grande de “Brutt”, mi perfume favorito, pues la hacía vomitar nomás con verme. Ella me compró otro: “Les Fleurs du Désert”, que me hacía vomitar a mí. Investigué cuánto dinero costaba un parto normal: iba de 2000 hasta los 3000 pesos. Los tenía. A la mitad del emba...

Mi Cocola

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Mi primer perro llegó en brazos de mi padrino bautismal: un hombre enjuto, nervioso, que al reír, mostraba un solitario par de incisivos centrales: —Ahijado —dijo—, esta chuchita es muy fina, es un regalo de tu madrina. Es raza Chau-chau. Su mamá vino en avión de Alaska, estos chuchos jalan trineos. Su lengua es negra porque en Alaska todo es blanco, si su lengua no fuera negra, se la mordería: ¡Son muy bravos…! ¿O no, compadrito? Mi padre puso cara de experto en chuchos polares. Movió la cabeza afirmando: —¡Sííí, así es, compadre, así meríto es! Mi padrino, buen hombre, pero las razas de perros no era su fuerte. El origen de los Chow-Chow (no Chau-chau) es China, no Alaska. Por supuesto no jalan trineos. Son muy mordelones. Su lengua negra es una característica racial. ¿Cómo llamarle? Después de mucho cavilar opté por “Cocola”. A mis padres ese nombre no les gustó.  —¿Cocola? —exclamó doña Jelen— ¡No, no y no! ¡Eso es un disparate!  —Cocola no es un disparate, todos los hombr...