La rompe-grupo
Traspasé la frontera invisible y sentí un ligero escalofrío recorrer mi cuerpo. Nunca había estado en esa parte de la ciudad. Había limitaciones de circulación; mi auto tenía un tipo de placa y los de aquella parte usaban otro. Dos categorías de habitantes: ellos y nosotros. Los autos de ellos circulaban cómodamente por nuestras calles y los nuestros no por las de ellos. Rodando por aquellas inhóspitas avenidas, comencé a sentirme vigilada; había escuchado rumores de que desde largas distancias lo tenían a uno bajo observación. En cualquier momento aparecería una patrulla y conduciría a vuelta de rueda tras de mí. Decidí respetar, como usualmente lo hacía, todas las indicaciones del tránsito hasta llegar a la Middle Street . Bajé las luces del auto, tal como indicaba un letrero unos metros antes de la caseta de vigilancia militar; esa era un área restringida para el ejército. Le dije al uniformado que iba a la casa 424-B. Realizó una anotación en s...