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Mostrando las entradas etiquetadas como Fraternidad Literaria Bajo el Palo de Mango

La muerte de tío Tobita

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Una fría madrugada de enero, fuertes golpes en la puerta me regresaron al mundo de los despiertos. En casa, el Botones, consentido caniche de Dora Celina, ladraba solidario con los de afuera. Vi el reloj: dos de la madrugada. Tiritando, pregunté:                 —¿Quién es?                 —La vieja Inés! —oí la voz de mi primo Pepe Menelao. Abrí. Lo acompañaba, el Mapechiapa, otro primo. Varias veces ese par llegan a tamborearme la puerta a deshoras buscando platicar conmigo. Junté toda la paciencia que pude: —¡Cabrones, les advertí ya, que cuando anden bolos no soy sus primo! No los conozco, mi casa no es cantina. Ustedes y ese chucho ya despertaron al vecindario.                 Iba a cerrar, Pepe Menelao se me cuadró como un recluta ante su sargento. —Primo, no estamo bolos. Ese tu chucho mampo es el que hace escándalo. Te Venimo a informar que tío T...

Una historia personal

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  D esde la Loma.   De pie, en lo alto de la montaña, el niño vislumbra su futuro. Imagina lugares desconocidos y distantes más allá del horizonte que alcanza con su vista. Piensa en otros niños y en gente adulta que, como él, también han de soñar cosas para su futuro. El lugar que le sirve de dintel para ver e imaginar el panorama; más allá de lo que sus ojos alcanzan, es un lugar conocido. Familiar y muy querido. Rodeado de viejos árboles de ciprés sembrados por manos bendecidas, antaño, una pequeña explanada situada en la cima de la montaña desde donde se divisan, allá abajo, otras montañas que anuncian profundas cañadas entre una y otra. Más allá, entre la bruma de las nubes que comienzan a formarse, se alcanza a ver un horizonte distante que se pierde a la mirada. La “Loma” le dicen todos a ese punto en la montaña. En la “Loma” es común ver a la gente del lugar y a fuereños que lo visitan, pararse allí para llevar su vista y seguro también sus pensamientos a lugar...

La partida de Carmelo, el “Meco”

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Por Facebook me enteré de tu muerte, querido Carmelo López, y me sentí desolado. Hace tres o cuatro años en una de las últimas fiestas de La Rial, en Villaflores, me saludaste. Tenía más de sesenta años de no verte y al acercarte y preguntar si me acordaba de ti, mentí por cortesía y contesté afirmativamente; pero la verdad es que no supe quién eras.  Hasta que J J Solórzano me preguntó: —¿Ya saludaste a Carmelo? Él me preguntó por ti. Me llevó contigo y corregí mi error. Te abracé y te pedí mil disculpas. La verdad no habías cambiado mucho, pero es que no te vi en el proceso de arrugamiento. Cuando nos conocimos yo tenía nueve años y vos diez más. Alto, meco, colocho y siempre risueño. A pesar de la diferencia de edades fuímos amigos. Eras el “second” o mano derecha del padre Roberto Trejo en las tareas de la iglesia, yo su monaguillo (monigote decía mi abuela) y su estorbo en las misas. Como si fuera hoy te veo subir al campanario de la vieja iglesia, y si eran repiques a horas i...

La sangre es la sangre

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  Nací en un pueblo pequeño, tan pequeño que todos éramos vecinos y parientes. Diez cuadras de largo por seis de ancho, no más. Fui el segundo hijo y primer varón de mi familia. Una de las primeras sensaciones de vida fue la tierna presencia de mi madre, doña Jelen. Aún siento el calor de sus brazos y su verde mirada. Como un brumoso sueño paladeo el agradable sabor dulzón de leche materna fluyendo veloz de su cuerpo a mis tres kilos de vida. Ella me contó que casi al final de su segundo embarazo (el mío) le regalaron mangos “Pico de rosa” sazones, los envolvió en ropa vieja para acelerar su maduración y un fatídico once de abril se los comió todos, yo nací el día siguiente acompañando una diarrea mangal (no pedí más detalles del evento). En 1950 a mis dos años de edad, mi padre nos llevó a Cristóbal Obregón, una colonia ejidal cercana rodeada de cerros (uno con forma de tinaja) Ahí estudié mis dos primeros años de la primaria. En Obregón nacieron mis hermanos Wili y la Meca. Con ...

La triste brevedad de un sueño.

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    Para Belén   El vuelo de medio día de una de las aeronaves que van de la ciudad de Tapachula a la ciudad de México de ese quince de enero del dos mil veintiuno, no era cualquier vuelo. El avión en turno de ese día iba cargado de sueños de cinco de sus felices pasajeros. Si la emoción hechas felicidad y alegría tuvieran un color, el avión se habría teñido con ellos y, emulando una hermosa mariposa multicolorida, habría tomado vuelo esa tarde calurosa para surcar el cielo. En contraste con esa alegría, la madre - abuela que los había llevado al aeropuerto, volvió a casa con el corazón vacío. Y, contrario a lo que siempre hace, a su regreso al hogar vacío, lloró como nunca sus ojos había vertido tantas lágrimas. Sintió como su alma, así, de pronto, se había partido en mil pedazos. Molesta consigo misma, de tanto llorar, pidió perdón a Dios y encomendó en su nombre a sus seres queridos. Belén, joven mujer de treinta años y única mujer de tres hermanos, había p...

Alguien cantó

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En la década de los sesenta, una joven soñadora asistía al liceo llena de sueños, estudiaba para prepararse para el futuro, soñaba con tener muchas amigas y buscaba en ellas compañía. Esa tímida liceana se sentía muy sola, era hija única y sus padres prácticamente estaban separados. Su padre, más ausente que real, vivía prácticamente con su amante y, además, tenía un hijo con ella, lo que no le impedía estar pendiente del más mínimo movimiento de su hija. Él era autoritario, machista, mientras su madre toleraba lo que ella consideró siempre inaceptable. El desamor que soportaba su madre, le generaba a ella un ambiente de temor. Su madre temía los reproches de su marido y por eso, imponía a su hija tantas reglas que fueron aplastando su limpio corazón, impidiéndole volar. Su mamá había decidido ser el pilar fundamental para su hija y trabajaba mucho, pero no tenía tiempo para ella. Su hija la comprendía, pero se culpaba, considerándose una carga para ella. Su padre, si aparecía, lo...

El trinar del atardecer

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  El trinar del atardecer Sentada, mirando el horizonte, escucho trinos de pájaros. Melodías invaden el ambiente y su bullicio me hace pensar que el origen de la música está en ese trinar y en el susurro de la brisa que lo acompaña con su compás.                                              Sorprendida, salto al comienzo de los tiempos y me sumerjo en el mar.   De manera perfecta se conjugó la naturaleza y el cosmos, creando un mundo etéreo e intangible y nacieron reinos diversos que invadieron la tierra. La geografía acuosa y terrestre dio paso a la vida, la fauna y flora llenó de seres únicos por océanos y tierra, para el deleite de nuestra visión. En el profundo océano se guardan tesoros marinos de vida inexplorada, maravillan sus colores, el reflejo azul del...

Aventuras del "Muñeco"

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  Llegó una tarde desde las templadas tierras de Socoltenango junto con una recua de jóvenes muletos. Por esos días la compraventa de la especie equina era un magnifico negocio por la carencia de caminos carreteros que permitieran la entrada de camiones en esas agrestes montañas de la sierra. Mulas y caballos constituían la forma más adecuada para el transporte por esos escarpados caminos. Aquel que tuviera la fortuna de contar con más de un ejemplar de esa especie, era muy afortunado.  Era un potro lobo gateado recién domado. Mediano él, ágil como ninguno. Un caballo “de paso” decía la gente porque tenía un trote suave y con mucho estilo. Lo compró Hugo, el cuñado. Con él iba y venía a los lugares vecinos, orgulloso de tener una cabalgadura poco común allá en esos lugares. “El Muñeco” lo bautizó su amo. Así le llamamos todos. Ensillarlo y montar ese hermoso caballo era un privilegio. “El Muñeco” fue pasando de mano en mano luego que el cuñado dejó la montaña y se cambió d...