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Mostrando las entradas etiquetadas como Sonia Ehlers

El sacapuntas

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Me encontraba rebuscando unos documentos en una gaveta de mi cómoda, cuando de un bolso de tela se deslizaron chécheres y cosméticos. Hubo uno de ellos que llamó poderosamente mi atención: era el sacapuntas rojo, con la navajilla oxidada de apenas una pulgada, que usaba mi madre para afilar su lápiz de cejas, y el cual cuidaba con esmero.  Mi madre, conservadora en el gasto, nunca lo cambió. Yo pensé, al contemplarlo, que era el momento adecuado para afilar un par de lápices que hacía mucho tiempo no tenían el grafito.  Al tomar el sacapuntas, que apenas funcionaba, sentí un escalofrío entre mis dedos que me trasladó a mi infancia.  Veo las manos de mi madre tratando de sacar filo al lápiz dark Brown, que al rato usa frente al espejo para acentuar el tono de sus cejas y aquel lunar sobre el labio superior, tan piropeado y cantado.  Se viste y sale a hacer sus mandados esparciendo un aroma fresco a lavanda mientras se aleja. Al salir, cierra la puerta y yo vuelvo...

EL ESPEJO DE NATALIA

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  Iba de salida cuando sentí una presencia extraña en la habitación. Miré alrededor. No noté nada fuera de lugar. Me acerqué al ropero y lo abrí para revisar, sólo como medida de precaución. Ahí estaba mi perfume de gardenias en el lugar de siempre. Me puse unas gotas en las sienes. En ese instante, la veo. Se refleja con claridad una niña en el espejo. Lo curioso es que la niña tiene unos aretes parecidos a los míos. Cierro bruscamente el ropero asustada. Salgo corriendo de la habitación sin tener a quien acudir para contarle lo que sucede. La casa está vacía, todos han salido y otros han muerto. Reacciono. Seguramente estoy soñando me digo. Me pellizco para despertar. Estoy despierta. Regreso a la habitación, abro el ropero nuevamente y ahí está ella mirándome. Cuando le doy la espalda me jala hacia el espejo y ahora es ella quien corre a buscar ayuda.   Los padres suben a revisar la habitación, sienten un olor a perfume muy fuerte que no reconocen pero no ven a nadie; l...

¿Dónde están nuestros súper poderosos?

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        Mi cabeza está patas para arriba. He dado vueltas y vueltas buscando los superpoderosos latinos. Los Supermán, Batman, Robin Hood, Hombre Araña, El Fantasma, Hulk, Flash y Mujer Maravilla de nuestra parte del mundo.        Nos salvó la campana: está El Chapulín Colorado, aunque solo él y, para mi gusto, lo golpean mucho. No vuela bien, no aterriza bien, no resuelve nada rápido, hasta se toma sus siestas, pero dicen que tiene mucho corazón.        Entonces, bien, otro análisis:       —¿Podrá salvar nuestro mundo solo con el corazón? ¿Podrá llegar a tiempo ante una emergencia de vida o muerte como lo hace Supermán? ¿Podrá vestirse tan rápido ante los apuros como Batman, aunque no tenga un batimóvil del año en la puerta? ¿Podrá repartir las riquezas entre nuestros pobres como hacía Robin Hood para que todos tengan un poquito sin perjudicar a los que tienen más? ¿Escalar nues...

Desde otro ángulo

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  El letrero de la entrada anunciaba el espectáculo del año. Miles de focos encendidos de varios colores se prendían y apagaban, las luces brillaban en todo su esplendor.   Era la comidilla de la ciudad. Inauguraban un centro nocturno que presumía no tener nada que envidiarle a los de fama internacional. Ella nunca había presenciado un show similar desde ese ángulo. Sería la primera vez. Fue con un grupo que quería conocerlo. Estaba lleno a rabiar. Se vistió elegantemente para la ocasión. No quería que la gente notara su inexperiencia. En cuanto entraron al cabaret, todo se tornó oscuro, una que otra luz tenue alumbraba el camino. Ver el salón de día era una cosa, y verlo de noche era otra. A tientas, siguiendo al camarero, llegaron hasta la mesa que tenían reservada. Poco a poco, se fue acostumbrando a ver en la penumbra. Les sirvieron unos tragos haciendo tiempo para que comenzara la presentación. Las paredes del salón estaban tapizadas con un verde oscuro, el techo imitab...

La Mecedora

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La mecedora La depresión colectiva se respiraba en el vecindario. La ampliación del viejo camino arrasaba con los árboles de mango, los de nance, las guabas, los marañones. Las lindas cercas de arbustos floreados con tonos tropicales, coralillos, palmas cubanas, palmas rojas, palmas amarillas; las tuberías de la escasa agua, los cables telefónicos, los cables eléctricos; todo caía bajo la maquinaria pesada ante los ojos pasivos de los afectados. «Había que darle paso al desarrollo», informaban los periódicos locales. Por uno de esos accesos semidestruidos caminaba lentamente una sombra. Subía aquel camino empinado con determinación. Unos pasos más atrás, se veía un avispado acompañante; era de mediana estatura, tenía una joroba en la espalda, era calvo, con profundos ojos oscuros, nariz aguileña, labios dibujando una ironía, quijada cuadrada. Vestía una capa verde olivo, con un cuello blanco de encaje de Bruselas; parecía un personaje antiguo. Se podía ver parte de su camisa rojo...