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Mostrando las entradas etiquetadas como México-Panamá

La urraca

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  Ella, sentada en el portal veía absorta el horizonte. Las urracas no dejaban de lanzar sus chirridos durante la tarde calurosa y densa, mientras trataba de concentrarse en sus ideas. Un sopor fue cubriendo su cuerpo hasta caer en la levedad de un sueño inesperado. Siempre estaba llena de ideas, en una se veía entusiasmada por alguna actividad en la que quería participar; de forma inmediata se sintió inmersa dirigiendo toda la acción.  La celebración de sus quince años estaba ya por llegar. Su fiesta tenía que ser la más grande, haría las invitaciones en papel pergamino con letras doradas. Los invitados estarían sentados en mesas vestidas con manteles blancos de sedoso bordado y quince rosas en su centro cristalino, y confites para saborear. Les ofrecería ensaladas frescas, carnes frías, quesos de variados sabores con un postre de natilla cremosa y fresas rojas. La música sería la más alegre con piezas modernas, bailables y divertidas para que todos participaran... y e...

El conquistador

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  Don Ramón era un español de ojos verdes con tez blanca y cabello marrón. Había venido al país centroamericano con la esperanza de mejorar su vida tanto económica como social. Trabajaba muy duro y guardaba todo el dinero que podía. Con los años, pudo adquirir una finca de café y tenía siembras de flores. Tenía ya 48 años de edad y seguía soltero. Por dedicarse tanto al trabajo, no había podido encontrar una enamorada que lo tomara en serio. A él esto no le preocupaba, porque quería estar bien establecido antes de comprometerse con alguna de las jóvenes casaderas. Los sábados eran los días que les pagaba a sus trabajadores. Ver la forma cómo se preparaba para hacerlo, a uno como observador lo sacaba de onda. Don Ramón era una persona muy agradable y verlo sonreír era un placer. Eso sí, verlo enojado era simplemente incómodo. Decía las palabras más ofensivas que jamás había escuchado. Es más, hasta agarraba el disgusto con Dios dirigiéndole toda clase de improperios. Yo esta...

Doble Chamba

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  “No es posible que la palabra adiós regrese a despedirse” Raúl Renán   Recuerdo que cuando estuve enfermo por exceso de trabajo, conocí a mi vecina, la señora doña Gramática, quien vino a visitarme. Me contó que uno de sus hijos se había ido de la casa: el pequeño Participio.     Cuando me levanté de la cama me di cuenta de que la familia de doña Gramática se había puesto muy triste. Los hermanos mayores, Sustantivo y Verbo salieron a buscar a su hermanito.                Los siete hermanos restantes decidieron que era urgente un consejo de familia. Artículo determinó un plan: Adjetivo lo calificó de ridículo, Conjunción relacionó los hechos y la hermana Interjección exclamó: ¡Ay!, sin Participio, Adverbio se volverá callado, casi como Preposición, que nunca dice nada, Pronombre se ofreció a ocupar el lugar de Sustantivo mientras éste regresaba, para ser el sostén de su mamá, la afligi...

Un inocente sueño de Navidad

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  Dicen que los sueños se hacen realidad. Por si las dudas, yo siempre ando soñando, aunque esté despierta. Ayer, en la mañana de Navidad, me puse el pantalón que le trajo el Niño Dios a mi hermano. Me había dicho que esperaría hasta el día de su cumpleaños para estrenarlo y lo guardó, sin quitarle la etiqueta, en su cajón. Esperé a que se metiera a bañar. Saqué con cuidado el pantalón, me lo puse y me miré al espejo. Se me veía precioso, como si estuviera hecho a mi gusto y medida. Me lo pondría para ir al parque y probar mis patines nuevos. En ese momento, tal como lo hizo Alicia, me metí al espejo y comencé a patinar como nunca antes lo había hecho. Tomaba impulso, me deslizaba y giraba como la mejor patinadora que hubiera existido. Las piruetas las hacía a toda velocidad y en cámara lenta, casi flotando. Una delicia. Al terminar la rutina, salí de ahí y, por un instante, pensé en quitarme el pantalón y guardarlo pero, la idea de ponerme el vestido blanco con flores bordadas q...

Para gustos: sabores

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  P idió auxilio en la finca vecina.   Él era un español recio, trabajador, tostado por el sol inclemente y por la diaria faena de cuidarlas. Quería ayudarlas a recuperarse. Necesitaban un lugar donde estar, caminar, comer, dormir, recuperarse de la mala vida que habían recibido hasta el momento. Él las había cuidado por años, pero ya no tenía la voluntad de continuar con ellas. Ya no quería problemas con el Ministerio de Salud: le exigían certificados, vacunas y otra serie de requisitos.      Si las veían por la carretera, las recogían y él tenía que ir a sacarlas de aquellas jaulas fétidas. Él no podía con esa carga en esta etapa de su vida. Lo había intentado, pero este tema lo fatigaba; estaba por tirar la toalla. Se retiraría, ya estaba muy viejo para continuar a este ritmo. No quería batallar con ninguna más en su vida.      La demanda de la colonia árabe había aumentado por ellas, haciéndolo un negocio lucrativo. A ellos no ...

La Mecedora

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La mecedora La depresión colectiva se respiraba en el vecindario. La ampliación del viejo camino arrasaba con los árboles de mango, los de nance, las guabas, los marañones. Las lindas cercas de arbustos floreados con tonos tropicales, coralillos, palmas cubanas, palmas rojas, palmas amarillas; las tuberías de la escasa agua, los cables telefónicos, los cables eléctricos; todo caía bajo la maquinaria pesada ante los ojos pasivos de los afectados. «Había que darle paso al desarrollo», informaban los periódicos locales. Por uno de esos accesos semidestruidos caminaba lentamente una sombra. Subía aquel camino empinado con determinación. Unos pasos más atrás, se veía un avispado acompañante; era de mediana estatura, tenía una joroba en la espalda, era calvo, con profundos ojos oscuros, nariz aguileña, labios dibujando una ironía, quijada cuadrada. Vestía una capa verde olivo, con un cuello blanco de encaje de Bruselas; parecía un personaje antiguo. Se podía ver parte de su camisa rojo...