BAILE A RITMO DE SALSA
La noche lo acompañó hasta la casa y el sabor dulzón de la bebida demudó sus sentidos. En su cabeza, un barullo de imágenes mezcladas daba vueltas en círculos. Buscó la llave entre los bolsillos del pantalón. Los perros del vecino de enfrente ladraron agitados. Él les hizo una mueca de silencio con el dedo índice y metió́ la llave en la cerradura un par de veces. La puerta no cedió́. Empujó con fuerza. Oscuro, todo estaba oscuro y tropezó́ con la mesa de la sala. La caída fue amortiguada por un sillón y logró asirse a uno de los brazos de cuero negro. Caminó tambaleándose buscando el baño y vomitó en el piso. Qué mujer, pensó́ entre arcadas, y cerró los ojos. Tres días seguidos: bares, discotecas y un poco de hierba no hacen mal a nadie. Ahora que Vanesa se ha mudado necesito salir de mi casa solitaria, del espacio insoportable, ver la calle, sentir la Luna a mis espaldas y arrancar en el BMW. Estoy vivo. La llamo, no la llamo. Si no contesta al primer timbrazo cuelgo....