Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos breves

El padrecito

Imagen
Jaime ayudaba a su abuela a pelar duraznos, que luego iba colocando en unas mallas finas, armadas con marcos de.madera, que él cortaba y cepillaba en el taller de trabajos manuales de su escuela. En esas mallas iban extendiéndose los duraznos y cuando la malla se llenaba se tapaba la cubierta con una tela de visillos, que impedía el paso de moscas al recipiente. Hecho este trabajo, Jaime se trepaba al techo e iba colocando los rectángulos blancos al pleno sol de Norte. Chico. Unas semanas después,  el secado de la fruta permitía cosechar los huesillos, que doña Julia iba pesando en paquetes de kilo, en unas bolsas de papel café,que apilada en repisas de la cocina, lugar donde se desenvolvía la vida de la familia. Jaime tenía 12 años y había empezado su secundaria, como internado en la ciudad más cercana por lo que sus vacaciones de verano eran el tiempo de retorno a casa de su abuela, que lo había criado desde que su madre falleciera a pocos meses de él nacer. Una tarde, cuand...

Por el ojo de la aguja

Imagen
Era un asunto de orgullo personal , de independencia, de ser iguales con mi compañera que también había tenido una jornada agotadora. Me dispuse muy en silencio a pegar un botón suelto en el pantalón que quiero usar mañana.  Busqué la caja de costura, elegí una aguja apropiada para poder enhebrarla con destreza, como cuando mi mamá me lo pedía y yo trataba de lograrlo a la primera.  Pero ahora me demoré bastante y mientras le apuntaba al ojo de la aguja, tozudamente, pensaba no me la va a ganar, intentando pases infructuosos y me concentré solamente en ese desafío. Un poco antes de lograrlo, recordé la parábola del evangelio, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a qué un rico de salve.  Estoy salvado pensé porque no soy rico. Y me retruqué a mi mismo, soy rico porque necesito poco. Y pasó el hilo firfilo por fin por el esmirriado agujero de la aguja. Estaba listo para mi cometido y dediqué un par de minutos a reforzar ese botón y mientras lo hacía reco...

Gracias a la Música

Imagen
Suena la música y me lleva a la adolescencia, en un vértigo de emoción recóndita, que aflora como un diario de vida, garabateado con corazones y acrósticos. Aparece de pronto el baile, la sed pasional que vibraba en la media luz de los lentos. La música es confidente, aparece con rostros que ya casi no tienen nombres precisos, pero permanecen vivos en algún cofre neuronal que las melodías recrean. Es un mágico viaje que, por personal, se hace secreto indecible, apenas suspiro, que la mañana disimula y excusa con mesura. Estoy escuchando radio, música escogida para quienes necesitan esta íntima terapia para energizar las horas que siguen, con insinuantes guiños al presente, erotizando el domingo. En medio del jardín, las flores también bailan al ritmo del viento sur, las plantas también gozan la música y las palabras de saludo de la dulce jardinera que las cuida, riega y nutre. La sintonía surge en un pequeño milagro de vida, en medio de una vorágine de negros sucesos, para recuperar ...

Desde otro ángulo

Imagen
  El letrero de la entrada anunciaba el espectáculo del año. Miles de focos encendidos de varios colores se prendían y apagaban, las luces brillaban en todo su esplendor.   Era la comidilla de la ciudad. Inauguraban un centro nocturno que presumía no tener nada que envidiarle a los de fama internacional. Ella nunca había presenciado un show similar desde ese ángulo. Sería la primera vez. Fue con un grupo que quería conocerlo. Estaba lleno a rabiar. Se vistió elegantemente para la ocasión. No quería que la gente notara su inexperiencia. En cuanto entraron al cabaret, todo se tornó oscuro, una que otra luz tenue alumbraba el camino. Ver el salón de día era una cosa, y verlo de noche era otra. A tientas, siguiendo al camarero, llegaron hasta la mesa que tenían reservada. Poco a poco, se fue acostumbrando a ver en la penumbra. Les sirvieron unos tragos haciendo tiempo para que comenzara la presentación. Las paredes del salón estaban tapizadas con un verde oscuro, el techo imitab...

Conversarás con los delfines

Imagen
Nibaldo despertó con un escalofrío y un suspiro profundo desgarró el silencio. La sensación era estar volviendo de un profundo sopor acuoso que le había devorado la memoria reciente, un sueño que no podía recordar. Quiso explicarse por qué  y cómo había llegado allí. Estaba solo en la orilla del mar en un lugar desconocido. Quiso gritar y su voz emitió un decir diferente y desconocido, gutural pero armonioso, como si fuese una de esas lenguas muertas de las que había oído en clases de historia. Cerró los ojos con fuerza, queriendo volver de nuevo al sueño, para destrabar la pesadilla que parecía estar viviendo. Una sensación de hambre intensa le apretó el estómago y le hizo constatar que estaba vivo y despierto y fue en ese instante que percibió en su mente una voz, un saludo, en una expresión desconocida, pero que podía decodificar y que no alteraba el silencio de esa playa extensa, bordeada de vegetación.  Al mirar al cielo notó que debía ser mediodía, pues su cuerpo cas...