Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Valparaíso

Los roperos y sus historias

Imagen
  De madera caoba con un amplio espejo de tres lunas, el ropero llenaba un amplio espacio del dormitorio de la familia. En la toilette con su mesada de mármol blanco reposaba impecable el gran lavatorio y la jarra de agua.   Un cuadro del Corazón de Jesús, destacaba en la cabecera de la cama alta, con faldones de un gran cubrecama de paño guinda, que daba realce a las sábanas bordadas y al bronce del catre, pulcramente abrillantado. Sobre los veladores, con pantallas de cristal opaco, estaban las infaltables fotos familiares y alguna imagen religiosa. La cama era alta, el colchón de lana de oveja que cada tanto se abría, se lavaba y escarmenaba de nuevo para dejarlo mullido, evitando que se fuese deformando por el peso de los cuerpos. El somier de malla de alambre era incapaz de ser discreto y en el fragor de las madrugadas retumbaba su rítmico sonido que no dejaba dudas de que esa noche se había consumado una vez más esa pasión que los cónyuges disimulaban en lo cotidiano...

El p’atrás - p’adelante

Imagen
  Cada sábado llegaba con la caña mala y su mamá le daba un contundente desayuno con una ensalada de cebolla cruda sin lavar y un par de huevos fritos y un tazón de café.  Con eso el “patrás-padelante” tenía energía para dejar la casa soplada y a la hora de almuerzo había un sitio para él y allí el hombre participaba en las discusiones con sus opiniones e ideas. La mesa siempre podía abrirse a uno más y las cazuelas olorosas salían de una enorme olla que resumía las matinales ceremonias de preparación y armado. Nancho cumplía diariamente en la semana, con la compra de la carne para la cazuela. Costilla y tapapecho era la carne que todas las tardes lo mandaban a comprar donde el chino de la esquina, el carnicero del barrio que tenía un hijo de su misma edad, que era también compañero de escuela. El trabajo de pasar virutilla y de encerar, era pesado y hacía transpirar, al curadito. Al terminar su trabajo, Isabel le pasaba una toalla y hacía que se diera una ducha para senta...

El Tango, un himno de Valparaíso

Imagen
El Tango, un himno de Valparaíso

Valparaíso, 3302 Sur, crónicas porteñas

Imagen
  E n el puerto Un seco frenazo puso término al viaje en tren. Eran pasadas las dos de la tarde y el sol de diciembre, más suave que en Santiago, se colaba por entre los abiertos ventanales del techo de la estación del puerto; lo acompañaba una brisa olorosa a algo y que, al decir de unos pasajeros que se aprontaban a bajar, levantaría polvareda en los cerros al atardecer. “Es el viento de Valparaíso” dijo uno, con propiedad, antes de abandonar el atestado carro. Una mujer cincuentona, con cinco chiquillos, de uno a siete años, esperaban sentados mientras la masa de viajantes descendía.   -Toño, toma de la mano a Enrique y tú Víctor a Jacinto.   Bajaron al final de todos; hermanados los niños mayores, cada uno con un pequeño bolso y la mujer con el más pequeño y una maleta. Salieron al espacio abierto anejo al muelle y vieron por primera vez el mar.   -¿Señor, me podría decir dónde queda la calle Tomás Ramos?   -Mire hacia el cerro señora, justo ...

Por el ojo de la aguja

Imagen
Era un asunto de orgullo personal , de independencia, de ser iguales con mi compañera que también había tenido una jornada agotadora. Me dispuse muy en silencio a pegar un botón suelto en el pantalón que quiero usar mañana.  Busqué la caja de costura, elegí una aguja apropiada para poder enhebrarla con destreza, como cuando mi mamá me lo pedía y yo trataba de lograrlo a la primera.  Pero ahora me demoré bastante y mientras le apuntaba al ojo de la aguja, tozudamente, pensaba no me la va a ganar, intentando pases infructuosos y me concentré solamente en ese desafío. Un poco antes de lograrlo, recordé la parábola del evangelio, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a qué un rico de salve.  Estoy salvado pensé porque no soy rico. Y me retruqué a mi mismo, soy rico porque necesito poco. Y pasó el hilo firfilo por fin por el esmirriado agujero de la aguja. Estaba listo para mi cometido y dediqué un par de minutos a reforzar ese botón y mientras lo hacía reco...

Diálogos marinos

Imagen
  I Quiero saciarme de mar, de su sonido nocturno, del viento que me trae su rocío. Quiero empaparme a tal grado de su esencia, que pueda seguir sin sufrir cuando no lo tenga frente mío o ya no pueda curar mi cansancio en sus abrazos de espuma fría.  Cuando me anticipo a ese día en que deba alejarme del mar, quiero que mis huesos retornen hechos cenizas a su lecho de nocturnidad y pleamares, para ser navegante empedernido de sus remolinos eternos. II Así como has forjado con tus martillos de espuma las rocas del litoral, has moldeado el carácter de la gente que se atreve a recorrerte, soporta tus cambios de humor y te llama la mar, quizás para asimilar en ese vocativo femenino, la ausencia y lejanía de las mujeres que languidecen contemplándote.  Has forjado un crisol de navegantes, pescadores, poetas marineros que se han  trepado a los mástiles o han pasado el frío en los brebajes calientes de vino y canela. Cuando se lanzan las redes y el silencio se bambolea entre...

Misión para Heracles

Imagen
  Llegó al Olimpo, lugar en el que habitan los Dioses y Semi-dioses. Una Orden del Gran Zeus, el más grande o quizás de los dioses, el más terrible. Era perentorio actualizar la época en que los dioses se paseaban por la Tierra   y eran venerados y temidos.   No podían bajar a la Tierra. La veneración, temor y ofrendas ofrecidas por la criatura humana era lo que los mantenía con vida y lo que los energizaba. Así pues, ya que no estaban en condiciones de bajar. Se decidió enviar a un semi-dios. ¡ Y qué mejor que al hijo mismo del más Grande! Zeus¡ De esta manera bosquejaron las nuevas tareas para Hércules-Heracles, Hijo de Zeus. Antecedentes previos: Acosados los habitantes de una pequeña región, rica en recursos naturales: Minerales, como cobre, oro y litio, y un inmenso litoral proveedor de gran riqueza marina, eran asolados por una enorme bestia, semejante a la hiedra de Lerna con   muchos tentáculos y cabezas, cuyos ojos hipnotizaban a quienes los vier...

Fiebre

Imagen
  Despierto en la franja fina de los acantilados, sonambulizo los días, cierro los ojos y voy inventando futuros brevísimos, que apenas se estiran hacia cuatro horas, en afiebrada expectativa. Fuera del cuarto, todo gira y me aferro a la línea punteada que trazaron mis ayeres, para no caer, no fenecer en la inopia del olvido   Musito una acción de gracias por el equilibrio escaso que me sostiene. En la indefensión de décadas recorridas, intuyo la luz, pero sigo allí enclavado, sin atreverme a abrir los ojos, para no desviarme en el vértigo de imágenes mentirosas, esquivando el canto que te cruza de penas y te debilita, haciendo cauto tu caminar presente. He apagado las antenas de onda corta, no quiero claudicar por apariencias, me asumo solo, como cualquiera, en el tramo final de la existencia. Cerrando los ojos, observo desde el umbral lo invisible, aquello en lo que me convierto, en contradictorio discurso de silencio, el viento me muerde las orejas y un gato maúlla en u...

Conversarás con los delfines

Imagen
Nibaldo despertó con un escalofrío y un suspiro profundo desgarró el silencio. La sensación era estar volviendo de un profundo sopor acuoso que le había devorado la memoria reciente, un sueño que no podía recordar. Quiso explicarse por qué  y cómo había llegado allí. Estaba solo en la orilla del mar en un lugar desconocido. Quiso gritar y su voz emitió un decir diferente y desconocido, gutural pero armonioso, como si fuese una de esas lenguas muertas de las que había oído en clases de historia. Cerró los ojos con fuerza, queriendo volver de nuevo al sueño, para destrabar la pesadilla que parecía estar viviendo. Una sensación de hambre intensa le apretó el estómago y le hizo constatar que estaba vivo y despierto y fue en ese instante que percibió en su mente una voz, un saludo, en una expresión desconocida, pero que podía decodificar y que no alteraba el silencio de esa playa extensa, bordeada de vegetación.  Al mirar al cielo notó que debía ser mediodía, pues su cuerpo cas...

Cartas, emociones e historias

Imagen
  Su majestad, la carta, tiene esa fuerza conmovedora que palpita en la caligrafía, que permite expresar las emociones del autor, las energías que éste coloca en el rito del ensobrado, el envío postal y las esperas. Por medio de la carta, una persona se dirige a un semejante en la forma más íntima y discreta, con un lacre y un sello distintivo, una voz personal que como susurro quiere atravesar distancias para llegar en beso, queja, requiebro, seducción encubierta, reclamo, pena, nostalgia o una gran pasión, a remecer de vida al destinatario o destinataria. Todo cabe en las líneas de una carta, insustituible elemento de las relaciones humanas a lo largo de la historia y que sigue orbitando por el nuevo siglo, tal como esos viejos álbumes de fotografías, en tonos sepia o blanco y negro, piezas de museo en cada hogar. La estructura de una carta conlleva siempre el contexto de un flujo, de continuidad; la conciencia de ser parte cada esquela de un todo mayor, de una historia a trazo...